
Cerca de 160 millones de brasileños elegirán presidente en un escenario de extrema polarización. El actual mandatario busca consolidar el peso del país en el Sur Global, mientras que el opositor Flávio Bolsonaro propone un alineamiento directo con los Estados Unidos de Donald Trump.
El electorado brasileño se prepara para definir el rumbo político y económico del gigante sudamericano en las urnas el próximo 4 de octubre. Los ciudadanos habilitados para votar deberán elegir entre la continuidad del actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien defiende un esquema multilateral de relaciones, y la propuesta de Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario y representante de la pujante derecha regional que busca alinearse de forma directa con la gestión estadounidense de Donald Trump.
La tensión política se trasladó al plano internacional en los días previos a los comicios. Durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Lula da Silva dejó una postura firme frente a las constantes interferencias externas: “Brasil no es el patio trasero de nadie”. La declaración apuntó a la administración de Trump, que llegó a imponer sanciones a la justicia brasileña tras la condena a Jair Bolsonaro, medidas que Washington solo levantó luego de entablar negociaciones directas con el actual gobierno de Brasilia.
El escenario electoral muestra un empate técnico ante una eventual segunda vuelta, lo que mantiene en vilo a los analistas de la región. El exdiplomático y exministro Rubens Ricupero remarcó la diferencia de perfiles entre los principales candidatos: “Lula tiene prestigio en política exterior, mientras que Bolsonaro es totalmente inexperto”. Para el exfuncionario, la falta de trayectoria del candidato opositor abre un manto de dudas sobre el futuro de las relaciones internacionales del país.
El futuro de las alianzas comerciales y los BRICS
Uno de los puntos más debatidos en la campaña es la continuidad de Brasil en el bloque de los BRICS, la alianza que comparte con Rusia, India, China y Sudáfrica. El candidato opositor adelantó que revisará la permanencia en el espacio porque, según su visión, la alianza solo funciona para provocar a la potencia norteamericana. El analista Leonardo Paz, integrante de la Fundação Getulio Vargas, relativizó el impacto real de esta postura y recordó que el sector agropecuario brasileño depende fuertemente del comercio con Asia: “La incógnita respecto a Bolsonaro es cuánta presión podría ejercer Washington para que Brasil se distancie de Pekín y hasta qué punto él cedería a esa presión”.
Ricupero coincidió en que el pragmatismo económico suele imponerse por sobre la retórica de campaña. El exdiplomático señaló que, ante un eventual triunfo de la oposición, “las relaciones políticas con China probablemente se mantendrán frías, pero no esperaría cambios sustanciales en términos económicos y comerciales”. Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de un aislamiento internacional similar al que sufrió el país durante la gestión de Jair Bolsonaro, cuando se resintieron especialmente los vínculos con la Unión Europea.
La proyección internacional de Brasil también está vinculada a su agenda ambiental. Ricupero destacó la centralidad de este eje en la actual administración y explicó que el compromiso de Lula para abordar los desafíos ecológicos “quedó claro cuando eligió a Marina Silva como ministra de Medio Ambiente”. El electorado tendrá en sus manos la decisión de sostener este perfil de liderazgo ambiental y comercial o de volcarse hacia un esquema de alineamiento exclusivo con los intereses de Washington en la región.
